El propóleo es una mezcla de sustancias utilizada por las abejas para recubrir y proteger la colmena. Estos insectos obtienen de las yemas y cortezas de algunos árboles la materia prima para realizarla y, a partir de ella, elaboran esta maravillosa sustancia.
Una vez en el panal, el propóleo opera como una suerte de “sistema inmunológico” que desinfecta la colmena, sella grietas e impide la entrada de huéspedes indeseables. El ambiente de la colmena, debido a sus niveles de temperatura y humedad, debería ser un verdadero caldo de cultivo de bacterias, gérmenes y virus y, sin embargo, es un ambiente totalmente aséptico.
¿Qué posibilita tal asepsia? Precisamente, el propóleo, término que proviene del griego pro-polis, que significa “defensa de la ciudad”.
Hoy en día, el mercado nos lo ofrece en distintas presentaciones para que nosotros, los seres humanos, también podamos gozar de sus múltiples e importantes beneficios.
¿Cómo es el propóleo?
El propóleo es una sustancia resinosa, balsámica y viscosa. Su color es variable, de amarillo claro a marrón oscuro, pasando por una gran cantidad de tonos castaños, dependiendo de cuál sea su origen.
Su olor también es muy variable; generalmente es agradable y, en algunos casos, recuerda a su origen vegetal, mientras que en otros presenta un olor predominante a cera. Su sabor es amargo y ligeramente picante.
¿Cuál es su composición?
La composición del propóleo es variada, ya que depende de la flora y el clima de cada lugar. Pese a ello, se puede hablar de una “fórmula base” que se encuentra en cada propóleo, más allá de su zona de origen.
Efectivamente, se sabe que contiene:
- Resinas y bálsamos en un porcentaje cercano al 50%.
- Entre un 25% y un 35% de cera de abeja.
- Flavonoides, es decir, sustancias colorantes que cumplen un importante papel antiséptico en el propóleo.
- Aceites esenciales y otras sustancias volátiles.
- Polen.
- Minerales y oligoelementos, tales como hierro y cromo.
- Vitaminas, entre las que destacan las del grupo B.
¿Qué efectos tiene en el ser humano?
Históricamente, el propóleo ha sido utilizado para tratar catarros de las vías respiratorias altas, gripe, sinusitis, otitis y asma bronquial. Asimismo, se ha empleado en aplicaciones dermatológicas para el tratamiento de sabañones, grietas en la piel, abscesos y forúnculos.
Hoy en día, entre las propiedades más destacadas del propóleo y de sus productos derivados, se reconocen las siguientes:
- Antibióticas: combate gérmenes, microbios y bacterias.
- Cicatrizantes: ayuda en la curación de heridas.
- Fúngicas: es un poderoso agente contra los hongos.
- Antiinflamatorias: ayuda a reducir las inflamaciones y los dolores derivados de los procesos inflamatorios.
- Analgésicas: calma el dolor.
- Antialérgicas: debido a su acción antiséptica, ayuda a combatir alergias.
- Antioxidantes: estimula al organismo a luchar contra los efectos degradantes de los radicales libres.
- Antitóxicas: ayuda a combatir el efecto indeseable de las toxinas, así como también a eliminarlas.
Más allá de todas las propiedades beneficiosas que acabamos de mencionar, vale destacar que el propóleo es un magnífico biorregulador, que contribuye al óptimo funcionamiento y adaptación del organismo en general.
Presentaciones
Su consumo más habitual es en forma de tinturas de alcohol, aunque en la actualidad también puede encontrarse en cápsulas, comprimidos, caramelos o mezclado con miel.
Dos advertencias importantes
Si se piensa hacer uso de esta magnífica sustancia, es necesario tener en cuenta que su utilización debe hacerse con reserva y, preferentemente, con recomendación y bajo supervisión médica.
Asimismo, para mantener sus propiedades, es necesario preservarlo de la luz y de la temperatura, dadas las delicadas características biológicas de sus componentes.