El polen de abeja despierta cada vez más interés científico por su riqueza en compuestos bioactivos y su posible papel como alimento funcional. Una investigación publicada en 2024 en la revista Antioxidants observó que extractos de polen de abeja redujeron marcadores relacionados con la inflamación y el estrés oxidativo en un modelo celular de laboratorio.

En ese estudio, los investigadores analizaron polen de abeja de Bellota (Quercus acutissima) y Actinidia arguta, (conocida en Asia como Darae) en macrófagos estimulados para provocar una respuesta inflamatoria. Los resultados mostraron una disminución de mediadores inflamatorios como el óxido nítrico y la prostaglandina E2, además de una reducción de especies reactivas de oxígeno, lo que sugiere un potencial antioxidante y antiinflamatorio interesante.

Otra investigación publicada en 2025 en Foods reforzó esta línea al estudiar un polen multifloral de la Toscana. Los autores observaron actividad antioxidante, antimicrobiana y un efecto antiinflamatorio en células epiteliales pulmonares humanas, con atenuación de marcadores como IL-8 y COX-2 mediante la modulación de la vía NF-κB.

Aunque estos resultados son prometedores, conviene recordar que se trata de estudios preclínicos realizados en laboratorio y que no demuestran por sí solos los mismos efectos en humanos. Aun así, apoyan el interés del polen de abeja como ingrediente natural con potencial funcional dentro de una alimentación variada y equilibrada.